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SAN AGUSTÍN

Los Agustinos reconocen a San Agustín como Padre Espiritual, de su pensamiento se han alimentado a través de los siglos. Aurelio Agustín nació en Tagaste, Argelia de hoy, en el año 354. Hijo de Mónica y Patricio estudió en Tagaste, Madaura y Cartago. Después desarrolló su actividad como profesor en Cartago, Roma y Milán. Por entonces vivía con la mujer a quien amaba, Melania, con quien tuvo un hijo, Adeodato. Para él escribió su mejor tratado de pedagogía “El Maestro”. Consigue la cátedra de retórica de la Casa Imperial. Estos años estaba Agustín buscando la felicidad entre los maniqueos, pero pronto fue desengañándose. En Milán conoció al obispo San Ambrosio, siendo sus conversaciones y los estudios del neoplatonismo y San Pablo lo que le llevan a decidir, en una finca llamada Casiciaco, donde se reunía con sus amigos y familiares, bautizarse. San Agustín descubre y reconoce la acción de la gracia de Dios. La conversión de Agustín fue trabajada y profunda.

La noche del 24 de abril de 387 en la Vigilia Pascual, la Madre de las Vigilias según sus comentarios, fue bautizado y su vida dio un cambio radical. Algunos dicen que en su conversión ya iba implícita la forma de vivir en comunidad. Fundó los primeros monasterios en su pueblo natal y en Hipona, fue ordenado sacerdote por aclamación popular en el año 391, y después obispo de Hipona donde consagró al servicio de la Iglesia el resto de su vida, muriendo el 430 cuando caía el Imperio.

Dejó escritas numerosas obras como “Las Confesiones”, “La Ciudad de Dios”, “Sobre la Verdadera Religión”, “La Regla Monástica”… Fue el primer ‘Hombre Moderno’, supo explicar el Evangelio con la doctrina platónica del momento. Es reconocido como el ‘Doctor de la Gracia’ y ‘Padre de la Iglesia’ por cuya unidad siempre luchó. Fue uno de los autores más citados en el Concilio Vaticano II y por Benedicto XVI, que hizo su tesis doctoral sobre el Obispo de Hipona.


 AGUSTINOS

Los monasterios con espiritualidad Agustiniana crecieron con la Regla de San Agustín durante varios siglos, hasta que el Papa Alejandro IV propuso, según las necesidades, reunirlos como Orden Religiosa Mendicante en el año 1216. Su primer nombre fue Orden de Ermitaños de San Agustín (OESA) que con el tiempo pasó a ser Orden de San Agustín (OSA).

A través de los tiempos muchos agustinos dejaron constancia de la validez de esta espiritualidad para la santidad, el encuentro de la fe con la ciencia, la educación, la búsqueda de la verdad, y el encuentro con la felicidad: Alipio, compañero de San agustín, San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás de Villanueva, Alonso de Veracruz, Andrés de Urdaneta, Fray Luis de León, San Alonso de Orozco, Gregorio Méndel, etc.

Hoy los Agustinos están en todo el mundo y su talante humanista se integra en todas las culturas y ambientes; en México donde comenzaron su andadura por América en 1525 o en Colombia y Argentina, en Tanzania o Guinea, en la India, China o Japón, en Estado Unidos y Canadá, en España, Italia, Alemania, Holanda… Su carisma sobrepasa los tiempos y espacios, pues no se distinguen por un trabajo determinado, sino por la vivencia de la comunidad “Tened una sola alma y un sólo corazón orientados hacia Dios” (Regla de San Agustín).

Las Constituciones publicadas en enero de 2008 dicen: “El fin específico de nuestros centros educativos es la promoción de la persona humana fundamentada en los valores cristianos. De ahí que, en primer término, es necesario considerar siempre este apostolado como una actividad esencialmente pastoral, de modo que enseñamos la verdad con la caridad, y los alumnos adquieran, junto con la cultura humanística y científica, un conocimiento, ilustrado por la fe, del mundo, la vida y el hombre” (Constituciones. n. 162).


 SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA

Nace en Fuenllana en 1486. Pasa su infancia en Villanueva de los Infantes. Tomás y Lucía, sus padres, le enseñaron valores cristianos y sobre todo solidarios. Desde pequeño ayudó a las personas necesitadas. Allí estudia con los franciscanos por lo que más tarde se integra en la Universidad de Alcalá con la corriente humanista del siglo XVI.

Cuando va a dar clases a Salamanca descubre a los Agustinos, y decide profesar el 25 de noviembre de 1517. También destacó en sus homilías, por lo que el mismo Carlos I le nombra Predicador Real. Como Provincial de los Agustinos, promocionó las misiones en América. Cuando le propusieron para Arzobispo de Granada manifestó su opción por la vida conventual. No obstante, en el segundo intento aceptó ser Arzobispo de Valencia. En esta ciudad dejó constancia de su interés por la cultura creando el primer seminario del mundo para que los sacerdotes consiguieran una formación adecuada a los tiempos. Su apoyo a los moriscos que habían quedado en esta región con ciertos problemas de integración, su solidaridad con los más pobres a quienes ayudó constantemente no sólo con limosnas sino también propiciándoles medios de ganarse la vida fueron algunas de las realidades de su historia.

Murió el día de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María del año 1555, ordenando antes distribuir a los pobres el dinero y los muebles que quedaban en su casa. Incluso se desprendió de su cama que más tarde pidió prestada para morir. Sus restos se depositaron en el Convento del Socorro y después fueron trasladados a la Catedral de Valencia, donde reposan en la Capilla de Santo Tomás de Villanueva. En 1956 fue nombrado Patrón de los Estudios de la Orden de San Agustín.

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