
Recuerdo de una jornada vivida con el Papa León XIV con gran ilusión.
MADRID / VALENCIA. – No existen palabras suficientes para describir lo que se ha vivido aquel fin de semana en la capital, pero la emoción que brilla en los ojos de quienes regresan lo dice todo. La comunidad agustiniana al completo—tanto laicos como religiosos—se ha volcado en un despliegue de fe, unión y alegría sin precedentes con motivo de la histórica visita del Papa León XIV a Madrid.
Entre los miles de peregrinos, un grupo de 7 alumnos de 2º de Bachillerato; dos catequistas, Juan Pablo y Pepe Panelles; y una profesora, Juncal Concejo, del Colegio Santo Tomás de Villanueva de Valencia viajamos con la mochila cargada de ilusiones para ser testigos directos de un acontecimiento que ya ha quedado grabado en los libros de historia.
Esta es la crónica, hora a hora, de un fin de semana inolvidable.
Sábado 8:15h. El corazón agustiniano late en Chamartín
El viaje comenzó temprano, con los nervios propios de las grandes ocasiones. Al llegar a Madrid, el grupo se estableció en el Colegio San Agustín de Madrid, ubicado junto al estadio Santiago Bernabéu, un centro que se convirtió en el epicentro de la hospitalidad y la hermandad agustiniana.
El primer gran encuentro tuvo lugar a las 12:30h con la Santa Misa en el polideportivo del colegio. No estaban solos: allí se congregaron delegaciones de los 17 colegios Agustinos de toda España. La energía que se respiraba en ese pabellón, compartiendo cantos y oraciones con cientos de jóvenes que comparten las mismas raíces y valores, fue el preludio perfecto para lo que vendría después.
Sábado 16:00h. Primera línea y un mensaje directo al corazón
A las 16:00 h, el ambiente se trasladó al epicentro de la Vigilia de los Jóvenes, en la plaza Lima, un macroevento que logró congregar a más de 600.000 jóvenes. La música empezó a sonar fuerte, y grupos como Hakuna y DePol hicieron vibrar a una marea humana de juventud entregada.
Gracias a una posición privilegiada, pudieron vivir el momento álgido del día en primera línea, situándose a escasos metros de Su Santidad cuando este hizo su entrada a las 20:30 h.
Durante la vigilia, el Papa León XIV conectó de forma inmediata con los jóvenes. En su discurso, lanzó un mensaje valiente y lleno de esperanza: «No tengáis miedo a los compromisos grandes y definitivos. No tengáis miedo a contracorriente, a formar una familia fuerte y a construir vuestra vida sobre la roca del amor verdadero. El mundo os necesita valientes».
Además, el Pontífice tuvo un bellísimo gesto al hacer una referencia explícita a Santo Tomás de Villanueva, arzobispo agustiniano y patrón del colegio, destacando su ejemplo de caridad y entrega a los más necesitados. El acto, envuelto en un clima de profunda oración y silencio, concluyó a la medianoche.
Domingo 5:30h. Un hito histórico mundial en la Plaza de Cibeles
El cansancio no fue rival para el entusiasmo. El domingo comenzó a contrarreloj con un madrugón a las 5:30 h para asegurar un sitio en la Plaza de Cibeles, escenario de la gran Misa dominical.
Madrid se convirtió en el centro de la Iglesia universal ante la mirada de más de 1,2 millones de fieles. La jornada ya era histórica de por sí, pero adquirió una relevancia mundial debido a un hito sin precedentes: fue la primera vez en la historia que un Papa oficiaba la solemnidad del Corpus Christi fuera de Italia.
Este mismo día los actos para la Comunidad Agustina continuaba, cerca de 300 agustinos entre los que estaban 4 de Valencia, acudían al encuentro con su hermano en la Nunciatura. Así pues el broche de oro para la Orden de San Agustín llegó a las 16:00 h, cuando fueron recibidos en audiencia privada por Su Santidad en la Nunciatura Apostólica. Allí pudieron compartir un rato íntimo y distendido con el Papa, un encuentro de profunda fraternidad que supuso un honor incalculable para toda la orden, como nos dijo el P. Vicente.
El regreso 21:15h. Agotados, pero transformados
A las 23:30 h del domingo, llegaban a la estación Joaquín Sorolla. Las caras reflejaban el cansancio de dos días intensos sin parar, pero sobre todo, de una inmensa felicidad.
“Regresamos sabiendo que hemos formado parte de algo único”, comenta Juncal. Han tocado la historia con las manos, han visto al Papa a escasos metros y han reafirmado su fe junto a jóvenes de todo el mundo. Un hecho histórico que, como ellos mismos reconocían al llegar, saben que difícilmente volverán a vivir tan de cerca.



